Según cerró la puerta de la terraza Baltasar, salíamos Ignacio y Juan con la saca llena de regalos por las escaleras.
En menos que canta un gallo, el rugiente audi galopa rumbo a Burgos y al Pesués.
Vive el embravecido mar de nubes que el entuerto mental lo desfacemos, Sancho!!
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